Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

TCC

La Terapia Cognitivo-Conductual es la única realmente contrastada, empírica y científicamente, dentro del marco de la psicopatología como ciencia.

Ya no se pone en duda su eficacia, porque hay múltiples estudios comparativos que la avalan.

En trastornos depresivos, de ansiedad, de personalidad, etc., se han demostrado logros terapéuticos superiores a la intervención con medicación. Y en patologías más graves, tales como los trastornos psicóticos, su complemento a la farmacología es igualmente incuestionable.

Hay otras orientaciones psicológicas y gente que se beneficia de ellas, por lo que no se deben desestimar, pero si nos ceñimos al rigor científico, no filosófico, y a los principios éticos y deontológicos que deben regir la actuación del psicólogo, no cabe duda sobre cuál ha de ser la elección.

El enfoque cognitivo-conductual combina, en diversos grados, principios provenientes de múltiples líneas de investigación. Básicamente está formado por una combinación del enfoque conductual, basado en las teorías del aprendizaje, y el enfoque cognitivo, que pone su énfasis en cómo las personas organizan e interpretan sus pensamientos.

Los procedimientos de intervención que se sustentan en la postura cognitivo-conductual están basados en los siguientes principios:

  • El organismo responde a las representaciones mentales del mundo circundante y no al medio propiamente dicho.
  • Las representaciones mentales están relacionadas con procesos cognitivos involucrados en el aprendizaje humano.
  • Pensamientos, sentimientos y conductas están causalmente interrelacionados, por lo que el programa psicoterapéutico debe actuar en las tres áreas.
  • Las actividades cognitivas, tales como expectativas, autoafirmaciones, atribuciones, etc., son importantes en la comprensión, en la predicción psicopatológica y en el cambio psicoterapéutico.
  • Pensamientos y conductas son compatibles y coherentes entre sí, lo que hace posible que los procesos cognitivos puedan ser interpretados dentro de paradigmas conductuales y que los procedimientos conductuales pueden combinarse con técnicas cognitivas.

Algunas de las características prácticas más destacadas de este modelo psicoterapéutico son:

  • Su brevedad.
  • Su foco en el presente, en el problema (atendiendo a su historia) y en su solución.
  • Su carácter preventivo de futuros trastornos.
  • Su estilo de cooperación entre paciente y terapeuta.
  • La importancia de la utilización del tiempo entre sesiones.

Las denominadas Terapias de Tercera Generación, la ACT (Terapia de Aceptación y Compromiso), el EMDR, el Mindfulness, etc., suponen extensiones de la Terapia Cognitivo-Conductual, que se encuentra en constante evolución.

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